Vamos caminando dejando huellas, compartiendo miradas y estrellas

Resistir, Sara Currichich

 

 

Llevábamos tres días en Guatemala y nos recibe como anfitrión un colega periodista en la localidad de Huehuetenango[1]. Él resultó ser el indicado para poder ponernos al tanto, o más bien descubrir en tiempo record un país del cual, hasta ese entonces, sólo sabíamos que limitaba al norte con México y al sur con El Salvador.

Fue el fulgor de esa conversación en donde nos cuenta de los movimientos sociales que consiguieron la renuncia de la vicepresidenta y meses después la renuncia del Presidente, quien en cuestión de horas fue encarcelado por fraude y corrupción durante el 2015[2]. Expertos señalaron que un movimiento así no se veía desde los 80’ en el país centroamericano, el cual estuvo cargado y vitalizado por diferentes expresiones culturales, entre ellas la joven cantante Maya/kaqchikel, Sara Currichich.

Me llamo Sara Currichich. Soy indígena, Maya/Kaqchikel, de San Juan, Comalapa, Chimaltenango. Tengo 24 años. Soy una mujer que se dedica a escribir y a componer música. Creo mucho en el respeto y en toda la diversidad de los pueblos y la sabiduría ancestral que tienen.

Desde hace ya algunos años he comenzado ya ha escribir canciones, también he comenzado a tocar la guitarra y otros instrumentos. He comenzado a componer música para acompañar mis letras y he comenzado a hacer algunas organizaciones de pequeños festivales de arte, también pequeños espacios donde las y los comunitarios puedan expresar sus propias experiencias y sus propios sentimientos a través de la música, el teatro, la danza.

Así es como ella misma se presentó en la entrevista a la que accedió para Transhumana.cl. Oportunidad en donde nos pudimos conocer y compartir un café en una lluviosa tarde en Chimaltenango, junto a María, su madre y Víctor, mi compañero.

Mientras pasaban los días para nuestro encuentro, no dejaba de llamarme la atención la gran cantidad de mujeres con coloridos trajes indígenas, los que en mi primer juicio parecían llevar con mucho orgullo y ser respetadas por toda la sociedad…

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¿Qué significa para ti, el arte?

Creo que el arte es una herramienta muy libre que te puede hacer mirar en lo profundo del ser humano. Creo que el arte es un tejido como el que hacen las abuelas, donde tú puedes poner muchos colores, donde puedes poner muchos sentimientos; que te permite prácticamente traer al lienzo de la vida muchas ideas, muchos pensamientos que puedes tener y compartir con otras personas.

El arte entonces, es una red, una red colectiva que une no sólo pensamientos o ideales, sino que también fortalece mucho los corazones desde los pueblos, con otros pueblos que pueden estar al otro extremo del mundo.

Entonces, para mi el arte es una manera de transformar, es una manera de perder el miedo, y es una herramienta muy grande para crear una red en todo el mundo.

Puedes contarnos de los colores que usan las mujeres indígenas

En la mayoría de los pueblos, las mujeres han estado resistiendo bastante y, una cosa de ellas, es en los textiles. Los textiles no son solamente una manta o algo así, sino que tiene una historia, una representación de lo cotidiano también, que es notorio en cada uno de los lienzos.

Y nosotros utilizamos bastante el concepto de los tejidos, porque cuando nosotros comenzamos -un tejido-, comenzamos también a observar. A observar todo lo que nos rodea. Nuestras mamás-que regularmente son las mujeres las que hacen más este trabajo-, nuestras abuelas que son quienes nos enseñan lo importante del conteo de todos los hilos en cada uno de los lienzos y cada color en cada uno de los lienzos.

Y pues entonces hacemos esta comparación, porque cada elemento en los tejidos son muy similares a la vida, en todo el arte, en todo el universo. Y hablamos de los colores porque para nosotros, cada persona tiene colores, no sólo tiene un color, estamos llenos de colores, en un sentido de que tus ideas pueden ser colores, tus sentimientos pueden ser colores, y mezclados con los míos es como hacer un gran cuadro en donde estás mezclando tantas cosas que estás haciendo un gran gran gran tejido, en donde cada una de las personas cumple una función muy importante que te ayuda a crecer, que te ayuda a seguir, que te ayuda a caminar, que te ayuda a tener un entendimiento también, de un tiempo, de un espacio, de un pueblo, de un todo… de la historia. Entonces cada uno de estos hilos forma parte muy esencial de tu vida.

¿Por qué crees que son las mujeres las que entrelazan estos tejidos?

Sí son mayoritariamente mujeres, pero hay que mencionar que en la actualidad hay hombres que han tejido. En el telar de cintura por ejemplo, donde los hombres se tengan que hincar también. Hay otra manera de hacer los textiles que es en un telar de madera donde igualmente se hacen los tejidos, pero de una manera sentada, y se ve a muchos más hombres haciendo éste tipo de textiles. Entonces creemos que también en esa parte se resalta de alguna manera el machismo que también está bastante enraizado en todos los lugares, incluso en las comunidades.

Entonces ahora, los hombres que tejen hincados que muchas veces se esconden. Hay muchas mujeres que si vamos por las comunidades, tejen en los corredores de las casas, pero los hombres no, porque de alguna manera quizá hay como una separación, como un alejamiento de parte de esa sociedad o de ese pequeño entorno, que hay un rechazo a esos hombres que están haciendo ese trabajo.

No te sabría decir con exactitud cuál es la razón o cuál es la raíz de eso, porque creo que algo estructural de eso también es el machismo en realidad.

¿Cuál es la importancia de este tejido?

Hay bastantes maneras de compartir y de dejar las historias de la gente, de los pueblos; y los textiles cuentan historias bien grandes, acontecimientos de la sociedad como tal o de una manera de ver la vida.

Es muy importante porque por ejemplo aquí en Guatemala somos más de 23 pueblos indígenas, o Mayas más específicamente y cada uno tiene un Huipil [3]o un traje diferente, todos todos todos. Por ejemplo, el Huipil de mi pueblo tiene muchos animales y sobre todo bastantes aves que representan los guardianes del pueblo. Creemos mucho en que la presencia de los animales es muy importante para nosotros como pueblo, para nosotras como mujeres y para todo nuestro entorno. Tenemos bastante presente también el tiempo. La representación de nuestros Huipiles es una representación del caracol, del tiempo y de todo ésto: el amanecer, el atardecer, la división de la tierra con el cielo, con las aguas, entonces eso es un poco de lo que cuenta el traje de mi pueblo.

Y en los otros lugares, por ejemplo los de Chichicastenango[4], que es también muy hermoso, donde se hace la representación del cielo en el Huipil de las mujeres que es un sol, donde al final tu eres el centro del sol. Cuando hay una mujer que está dando a luz, lo primero que te sale es la cabeza entonces es literalmente la representación de tu nacimiento, y es algo que se comparte y se va representando en el tejido y aunque no se hable está ahí.

Hay muchas mujeres, sobre todo de las mujeres que están tratando de hacer esa resistencia de reivindicación de los trajes, de los textiles, de nuestra indumentaria Maya, y de la indumentaria Maya como es ahora porque de alguna manera con toda esta ola de racismo, utilizarlo y seguir utilizándolo fortalece nuestra identidad. De alguna manera nos enorgullece saber que todo lo que nosotras llevamos es parte de una sabiduría ancestral, algo que se ha estado pasando de generación en generación y por eso es bastante importante para todos los pueblos, no sólo de Guatemala, sino que de toda Latinoamérica.

 

Sara, a su corta edad, ha participado en distintas instancias para la promoción de los derechos indígenas y particularmente de las mujeres indígenas, colaborando entre otras iniciativas con ONU Mujeres Guatemala.

¿Cuáles son los hilos que te bordan a ti?

Creo que todos mis hilos tienen una raíz. Creo que mis hilos son mi identidad, son mostrarme e identificarme como mujer indígena, como una mujer Maya; mis hilos están hechos de tierra, están hechos de maíz, mis hilos están hechos de ese respeto que mis abuelas y mis abuelos me enseñaron hacia nuestros pueblos. No puedo decir todo lo que en realidad es. Mis hilos están conformados por otros hilos, porque mis hilos están no sólo en la tierra sino que también en el aire, en las estrellas y es algo que también se tiene que resaltar. Yo como tejido estoy conformada por varios hilos que están comunicados con un todo. Eso es más o menos lo que creemos como pueblo, que estamos conformados por un todo.

¿En qué momento tomas conciencia de tu posición en el mundo?

Cuando yo era niña, en mi pueblo no habían muchas personas mestizas; eran poquitas y siempre tuvieron más acceso económico. Entonces cuando tú eres niña y tienes compañeras, mestizas o no mestizas, que te pueden presumir de lo que tienen, quizá te puede lastimar un poco.

Muchas niñas que yo conocía, muchas veces hablaban de que ah! A mi me gustaría ser mestiza, entonces muchas veces intentaban de imitar a personas con vestimentas que no eran las suyas. Entonces era como ah! tú no tienes que comer eso, tienes que comer ésto, porque las cosas de los pueblos son de alguna manera ridículas, entonces muchas veces desde la niñez comienzas a percibir estas cosas que de alguna manera vienen cargadas de racismo y empieza a haber una segregación en tu propia identidad. Y eso me pasó.

Yo soy una mujer indígena y toda mi familia ha usado su traje desde siempre; he visto las fotos de mis abuelas, mis bisabuelos también. Y estaba muy segura, pero hubo un momento en el que yo decidí venir a estudiar a la ciudad, y enfrentarme todos los días a un entorno que te discriminaba o que te rechazaba por el hecho de ser indígena.

Era muy doloroso, muy doloroso. Ahora te lo puedo contar un poquito más tranquila, pero estar en ese preciso momento era de ponerme a llorar. No pasaba en mi escuela, o sólo algunas veces, pero pasaba sobre todo en las calles: en cómo te hablaban, cómo no te hablaban; cómo te miran, cómo no te miran… y son cosas que van influyendo en tí para que comiences a desconocerte.

Yo me desconocí durante un año. Yo no quería, obviamente tengo rasgos de una mujer indígena, pero yo no quería ser, y por supuesto sabía que mi mamá, mis hermanas, también habían pasado por eso, pero yo ya no quería ser la burla o el hazme reír de esas personas que creen que son mucho mejor que tú o que son más especiales que tú porque ellas no son indígenas. Entonces dejé de usar mi vestimenta, no quería hablar más Kaqchikel [5]que es mi idioma, y eso me ayudó bastante.

Y no me arrepiento y no me avergüenzo de decir que me desconocí por un año. Eso fortaleció bastante mi identidad y es lo que me ayuda a posicionarme como una mujer indígena, como una mujer Maya.

En todo ese lapso de tiempo fui comprendiendo mucho más que así como en mi familia, habían muchas mujeres en lo pueblos indígenas que hemos sido rechazados por toda la sociedad, comencé a darme cuenta que no sólo yo, que mi familia que son quienes están más cercanas a mí, que ellas también luchaban por decir pero si yo también tengo las mismas capacidades que la otra persona, cómo les vamos a demostrar a ellas, a ellos de que también somos capaces de hacer las cosas. Entonces volví a sentirme yo. Y fue ahí donde la música me ayudó bastante, comencé a tocar, a componer algunas canciones.

¡¿Por qué me va a dar vergüenza quién soy, si esto es lo que yo soy?!, no me voy a avergonzar de mi mamá, ni de mis hermanas, ni de nadie más, ni de mis vecinas, ni de mis vecinos, porque esto es lo que nosotros somos, y no hay nada de lo que te tengas que avergonzar. Había bastante gente que se reía de tí porque utilizaba mi traje, pero mi traje está cargado de una historia, y de una sabiduría… ¡no voy a tener vergüenza de ésto!

Entonces con eso y con la música me fortalecí, comencé a hablar de la importancia de los pueblos indígenas, de sus luchas y por sobre todo, de la reivindicación y del fortalecimiento de la identidad, gracias a ese lapsus de tiempo que yo pasé en ese desconocimiento.

¿Cómo fue ese proceso de reconocerte, de volver a mirar y hablar con tu mamá, tus hermanas y con tu pueblo?

Hay un momento donde el bombardeo es bastante grande, donde te dicen que los pueblos indígenas son una burla, incluso un insulto para bastante gente. Comencé a ver que ni mi familia ni nadie más eran un insulto. Eso es un golpe bastante duro, y es tener cara a cara a la discriminación y al racismo. Es como decirle a estos dos males o me entrego a ti, y si no, pues entonces aléjense, y escogí la segunda. Comencé a entender, a despertar, a tener conciencia de toda la gente que te rodea y pensar en otras generaciones a las que les ha sido mucho más difícil, y ellas y ellos han podido y han luchado, cómo no lo voy a poder hacer yo. Eso fue muy importante.

Y mi mamá, que ella siempre mantuvo esa esperanza y esa fuerza con toda la gente porque hubo y todavía ha habido situaciones de discriminación. No voy a permitir más que me sigan tratando a mí así, porque yo no quiero que las generaciones que vengan sigan siendo tratadas de la misma manera. Y digo esto porque mi mamá también lo hizo así, porque ella también luchó para que nosotras y muchas otras mujeres no pasarán por la misma situación que ellas pasaron. Pues porque sí, todo es generacional.

Entonces, cómo contribuir a que de alguna manera la gente no pase por lo mismo y que todo ese entorno de rechazo pueda ser eliminado. Al final es una señal de respeto a toda la diversidad cultural, entonces todo eso ha sido un despertar bastante grande. Y no necesariamente un despertar muy tranquilo, muchas mujeres de seguro se están cuestionando si continuar, pero la mayoría está continuando.

Y si pudieras decirle algo a esas mujeres, ¿qué te gustaría decirles?

Que nunca dejen de creer en ellas. Hay algo que me enseñaron, y es que hay muchas cosas que tú tienes que recibir. Y otras cosas que simplemente tienes que dejar pasar. Hay cosas que te dañan y que te lastiman, y que no te van ayudar a crecer. Pero hay muchos ejemplos para que puedas seguir, muchas huellas y muchos pasos que muchas mujeres han dejado y hay que seguirlas; y nosotras también vamos dejando huellas que otras seguirán, las niñas que están viniendo.

Entonces, simplemente no dejar de creer en esa fuerza que como mujeres tenemos.

¿Qué opinas de esta <<primavera feminista>> que se está viviendo en todo el mundo?

Yo creo que ese despertar lo estamos viviendo mucho más las propias mujeres, en que tenemos esos derechos de participación y de despertar en todos los espacios político-culturales, de salud, educación.

Han habido bastantes cambios en los últimos años, yo creo que aun no se ha alcanzado un objetivo bastante grande para toda la sociedad. Se están abriendo bastantes brechas que incluso se han llevado la vida de bastantes mujeres.

Pero nos encontramos con que nosotras todas podemos hacerlo.

En este tiempo ha habido un despertar bastante grande de las mujeres y también, creo que te puede pasar, o nos puede pasar a nosotras como mujeres, que nos encontramos en situaciones de pero yo también puedo hacer ésto, entonces es mucho de asombro, de alegría, de sentirse orgullosa, de felicitarse.

Creo que este despertar nos tiene que hacer sentir felices, pero también tiene que ser un motor para conseguir ese despertar al 100% y tenemos que luchar bastante por eso todavía. Creo que por eso cuando llegás a un punto, te das cuenta que tienes que alcanzar otro punto. Y de eso se tratan las transformaciones, pero hay que tener muy en cuenta y valorar el trabajo que se está haciendo con las mujeres, de esa conciencia propia, individual y colectiva que se está alcanzado.

¿Cómo es trabajar sobre la idea de <<mi cuerpo, mi territorio>> con mujeres que están tan arraigadas a la tierra, cómo es el caso de las mujeres indígenas?

¿Sabes, que pasa algo? Todo este sistema patriarcal, el machismo y la misoginia, está muy arraigado en todos lados. Definitivamente para todos los pueblos y para todas las mujeres, esa conexión con la tierra es bastante grande y todo el trabajo que se hace para la tierra como la agricultura. Pero en nuestro caso como mujeres indígenas que también trabajamos la tierra, se hace un trabajo grandísimo que requiere de mucha fuerza física, que requiere de levantarte muy de madrugada y descansar a veces muy tarde, después de largas horas de trabajo. Y las mujeres hacen ahí un trabajo bastante grande que no es reconocido, muchas veces ni por ellas, pero no es porque no quieran, es porque muchas veces somos bombardeadas con que si hay un hombre y hay una mujer que hayan hecho lo mismo y hayan trabajado la misma extensión de tierra, siempre se va a valorar más el trabajo del hombre que el de una mujer. Entonces creo que ese darse cuenta, lo han tenido también muchas mujeres en el campo y saben hoy que son una base fundamental para todo ese trabajo, para toda esa estructura del pueblo y de su organización.

Muchas mujeres se han estado organizando junto a sus pueblos en toda Latinoamérica, para defender su tierra, para defender el territorio. Como cuerpo, te puedo decir que como mujeres indígenas no tenemos una dejadez en decir bueno, puedes tocarme como quieras, no! Pero nos ha tocado contradecir cosas que nos han venido diciendo desde todos los espacios, sobre todo en las iglesias, porque la religión ha tenido un poder bastante grande en todos los pueblos, y nuestros pueblos no son la excepción, entonces a ti te dicen que si decides casarte o tener una familia, te dicen como mujer tienes que servir a tu esposo, tienes que estar en la casa y te lo dicen tanto, tanto, tanto, que te terminas creyendo eso. Y de repente comienzas a tener esa conciencia, de que como mujer no te tenés que dejar si te golpean, nadie te puede tocar si no querés. Entonces han habido muchas mujeres que están trabajando para deconstruir esa imagen de la mujer que debe estar en la casa, de la mujer sumisa que de alguna manera vive en una situaciones en que los hombres puedan querer tener relaciones genitales con ellas y ellas están en todo su derecho a decir que no. Muchas mujeres desde su nacimiento, por sus mamás o por sus abuelas saben eso y entonces se van compartiendo de generación en generación, pero hay otras que no; entonces se comienzan a tejer esas redes desde las propias mujeres, desde las propias comunidades que se van tejiendo y se van compartiendo, pues porque las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres.

Creo que me extendí bastante -Se ríe Sara-.

Pero creo que las mujeres sabemos que tenemos ese derecho, y que van a defenderlo al igual que la tierra, porque la tierra es vida y tu cuerpo es vida, y te pertenece.

¿Qué es lo que te hace cantar?

Creo que el hilo más grande que me hace cantar, son los pueblos. Te voy a hablar de éste hilo como si fuera la raíz más gruesa desde el cual se riegan los otros, que van naciendo de ella.

El compartir con la gente es un hilo bastante importante, porque al compartir con ellos, con ellas, vas aprendiendo. Tienen tanta sabiduría, que en dos palabras puedes aprender tanto de ellos, de ellas, como si compartieras un año o dos años. Nosotros creemos que tiene que haber un respeto muy grande por nuestras abuelas y por nuestros abuelos, por su lucha, por lo que saben, por cómo ven la vida, por toda la fuerza que tienen y por todo lo que han caminado prácticamente. Entonces todo esto va teniendo un sentido bastante grande de lo que yo quiero compartir en cuanto a la música, y es muy importante también porque es lo que soy.

Yo quiero compartir algo que mucha gente ya no comparte, que mucha gente cree que ya no vale la pena o que si lo compartes, es algo para avergonzarte… quiero compartir algo a la gente que es algo que tiene mucho corazón, que tiene mucha lucha, que viene naciendo desde lo más profundo de un río, desde la roca, desde todos los vientos que atraviesan las montañas. Todos esos elementos creo que vienen a aunarse a la música, a lo que yo quiero compartir en cuanto al sonido, a las palabras. Nosotros tenemos bastante vínculo con la tierra, entonces nuestros sonidos, nuestras palabras están inspirados en la tierra, en la naturaleza, en nuestra cotidianidad de nuestro entorno y todo esto viene a conformar todos estos hilitos, y es eso lo que yo quiero compartir con la música.

Durante toda la entrevista, contamos con la mirada profunda y alentadora de María, quien ha luchado durante toda su vida como muchas otras mujeres y mujeres indígenas, por sacar adelante a sus hijas sin un hombre como apoyo o sustento. Así es más fácil entender que la fuerza de Sara, es la fuerza contemporánea de María.

Luego de apagar la cámara, terminamos de tomar nuestros cafés, un poco ya fríos de tanta espera. Y seguimos conversando, desde el tú a tú, con un poquito más de comodidad e intimidad.

Yo no sé si algún día te vuelva a ver, si será ahora o será pronto. Pero de todas las personas te llevas algo, y en todas las personas dejas algo, y de las mujeres nos llevamos una fuerza y esperamos también dejar otra fuerza porque nos unimos y es algo que nunca nadie nos va a poder quitar, ni todos los sistemas patriarcales, ni machistas, es toda la fuerza de esa unidad que tenemos como mujeres.

Es una responsabilidad y una obligación, cuando ya tenemos un poco de conciencia de comenzar a replicar.

Yo me llevo de estas dos mujeres, un brillo implacable de sus miradas. Y la fuerza de generaciones y generaciones de mujeres, mujeres indígenas, mujeres sabias, que espero hayan disfrutado en lectura, tanto como yo disfruté aquella tarde.

NOTAS:

[1] Huehuetenango es un departamento de Guatemala situado en la región nor-occidental del país. Limita al norte y oeste con México, al sur con los departamentos de San Marcos, Quetzaltenango y Totonicapán; y al este con el departamento de Quiché. Se encuentra a uno 264 KM de la capital nacional.

[2] Pueden buscar más referencias a través del hashtag #RenunciaYa, Guatemala, 2015.

[3] Kaqchikel, es un idioma hablado por la población kaqchikel en la región centro occidental de Guatemala. El idioma Kaqchikel forma parte del grupo quiche de lenguas, que a su vez es parte de la familia lingüística Maya. Con aproximadamente medio millón de hablantes, es una de las lenguas mayas más importantes en Guatemala. La mayoría de los hablantes del Kakchikel es bilingüe de su lengua nativa y español.

[4] Santo Tomás Chichicastenango («Santo Tomás»: en honor a su santo patrono Tomás Apóstol; «Chichistenango»: del náhuatl, significa «muralla de ortigas») es un municipio del departamento de Quiché (Guatemala). Se encuentra al sur de dicho departamento y es un reconocido centro turístico por su mercado local. Está situado a 18 km de la cabecera departamental y a 145 km de la ciudad de Guatemala. La mayor parte de la población es indígena de la etnia Quiché.

[5] Huipil (en náhuatl: huipilli, ‘blusa o vestido adornado’), también llamado hipil en la península de Yucatán, es una blusa o vestido adornado con motivos coloridos que suelen estar bordados. Vestimenta propia de los indígenas y mestizos de la parte del sur de México y Centroamérica.

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Javiera Morán Battaglia

Santiago de Chile, 1989. Comunicadora Social de profesión. Feminista, ciclista y radialista de pasión. Me mueve el buen vivir, la memoria y la naturaleza. He trabajado en proyectos radiales y comunitarios, audiovisuales y fotográficos. Actualmente viajo por Latinoamérica con mi compañero en bicicleta.

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