Yo no soy de aquí. Pero tú tampoco.

Hace unos días vi en internet un video de una familia que migraba en busca de mejor vida. Me detuve viéndolo, y en este llamado “éxodo” me chocó ver el testimonio de una mujer que encabezaba este grupo. Delgada y baja de estatura, con mucha fortaleza tomaba a quien parecía ser su hijo de la mano, mientras contaba que llevaban varios días caminando para llegar a su nuevo destino. Al ver con detención las imágenes, me di cuenta que estaba embarazada. Me acordé de Francisca, de Honduras.

Francisca vive en Yucatán hace seis años. La conocí hace unos meses cuando la entrevisté porque me dijeron que su historia era increíble, con el correr de la conversación vi que también, era una historia maravillosa, y decidí no dejar que quedara sólo en mi memoria y compartirla.

¿Cómo llegas a México?, le pregunto en una conversación surgida a último minuto en una sala al aire libre al interior de la Organización No Gubernamental (ONG) Indignación, en Chablekal, Yucatán.

“Pues, migrando. Yendo a la frontera y me desvié del camino para acá, con los dos chicos y embarazada de Zoe”.

Francisca tiene tres hijos, de 16, 13 y siete años, los  mismos siete años que lleva en México.

Originalmente, ¿hacia donde ibas?

A los Estados Unidos, mi meta era allá, pero luego los planes no se dieron y me regresé.

¿Qué necesidad te llevó a salir de Honduras?

Pues fueron muchas. Los niños desde que estaban bebés estuvieron conmigo, siempre he sido mamá soltera, he luchado allá igual, pues, se sufre más allá. Porque te pagan poco, el dinero no vale y es un trabajo desde seis de la mañana hasta posiblemente siete de la noche, te están dando cien pesos diarios, pues con dos niños, más la renta… perdí mi casa. Cuando el papá de los niños se fue, perdí la casa porque estaba hipotecada, entonces quedé rentando, y dije ¿pues qué tengo acá?, no tengo nada.

¿Por qué pensabas ir a Estados Unidos?

Porque el dólar vale más, porque supuestamente el gobierno ayuda más allá con los niños, y a las mamás solteras las apoya más. En mi país no hay ningún apoyo, ni para el estudio, ni para mamás solteras, ni para nada. No hay medicamentos, no hay seguros, no hay nada.

¿Y acá haz conseguido parte de ese apoyo?

Pues acá trabajo y limpio casas, a veces hago mis pastelitos, y ahí le llevo. Tengo seguro, me amplié en varias cosas, soy auxiliar de salud, fui a cursos, entonces ya me relaciono muy bien con toda la gente del pueblo, eso es lo que me hace sentir como que soy de acá. Aunque te digan no, la señora de allá que vino, que es migrante, esas palabras a mí ya no me duelen, ni me afectan.

Pero, ¿te has sentido discriminada?

Claro, sí, mucho. Los niños igual en la escuela, cuando llegamos aquí sí, la verdad sí.

¿Cómo ha sido compartir con la gente de acá, de Indignación?

Pues la verdad, de maravilla. Me conocieron en el albergue, en La 72, porque yo la verdad ni idea de venirme para acá. Me vieron embarazada y dijeron oye, compañera, ¿dónde vas con dos bebés?, porque la niña no había nacido. Nació en Tenosique.

Me dijeron, no te muevas, te ofrecemos un techo y un trabajo digno, una casa, un hogar para ustedes, para que no migren. Yo no me la creí.

Era muy bueno.

Era demasiado para mí, que alguien te ofrezca una casa. En Honduras no lo hacen. Era demasiado, y pues me fui, me aventé, ya nació Zoe después, ellos siempre pasaban para hacer sus trabajos en Chiapas, y me la aventé, de terca.

El camino para llegar a Tenosique

Francisca conoció a la ONG Indignación en Tenosique, lugar por donde sus integrantes pasaban constantemente. Tenosique está en el estado mexicano de Tabasco, frontera con Guatemala, donde se ubica el puerto fronterizo El Ceibo, uno de los puntos de entrada de la migración centroamericana a México.

¿Cómo es la migración en Tenosique?

Ay compañera, eso es drástico.

Cuando llegué a la frontera, la primera vez -porque migré dos veces-migré sola, dejando a mis hijos con mi hermana. Llegué hasta Zapata, pero ese fue un tramo, llegar de Honduras a Guatemala es más fácil, pero de Guatemala a la frontera con Tenosique está muy difícil. Caminé tres días embarazada de siete meses de Zoe, por proteros, en medio de vacas, me siguió un toro, saltando cercos. Ahora me río, pero antes lo decía con lágrimas, y hasta sollozando, no podía ni contar lo que me había pasado, porque todavía no había sanado, me dolía mucho lo que viví, no lo creía, y fue triste, porque me agarró migración, me bajaron del tren embarazada. Yo no me quería bajar, me bajaron a la fuerza de La Bestia -apodo de la red de ferrocarriles de carga que une las fronteras sur y norte de México- y me encerraron por un mes. Me quitaron cuatro meses de embarazo para poder deportarme. Me dijeron puedes pedir refugio, o si quería la deportación, pero yo hablaba con mi hermana desde migración y me decía que el papá de los niños había pagado a una licenciada para que se los robara. ‘Está difícil la cosa, mejor ven por tus hijos, corren peligro conmigo’, me dice, entonces elegí la deportación. Presa en migración se cumplieron los ocho meses de embarazo. Me deportaron un 17 de febrero y me mandaron a Honduras hasta San Pedro Sula con una custodia y ya. Ellos ganan su lana, y más si es una mujer embarazada, les dan bonificaciones.

Pues, me deportaron, y al siguiente día sólo amaneció, llegué donde mi hermana, agarré mis cosas, mis hijos, mis papeles, y me vine otra vez. Yo llegué el 18 (a Honduras), el 19 de febrero, yo ya estaba en Tenosique otra vez. La primera vez tuve casi dos semanas para llegar a Tenosique, la segunda vez en 24 horas me lo hice, con todo y mis hijos, y seguía embarazada de Zoe, ya de ocho meses y medio. Cuando llegué, ya no me tiré a caminar, ni me aventé pal monte, ya conocía el camino, agarré confianza con los de Migración, hasta el croquis me dieron para que me viniera, entonces solo desviamos una montaña con los niños y pues ya, llegué a Tenosique, y lo primero que pedí fue comida, colchas para descansar. Llegué a la iglesia, de ahí nos corrió el párroco, que se fueran todos los migrantes y yo como estaba a punto de dar a luz, me dieron refugio en una bodeguita de la iglesia, me dieron un rinconcito y yo dormía con los niños, no con los migrantes. Ahí nació Zoe.

Cuando tenía como cinco, seis meses Zoe, me aventé otra vez a querer migrar, pero ellos ya habían llegado -Indignación-,vieron que yo estaba embarazada y fue cuando me ofrecieron techo. Pero me regresé a Villa Hermosa (Tabasco), trabajé con una señora, de día y de noche y los niños no estaban bien. Llegó el hijo de la señora, me dice ‘veo que estás incómoda, ¿qué vas a hacer?, los niños no van bien en la escuela, no están bien’, y le dije que yo me iba a ir. Le llamé a Marta -de la ONG-, y le dije  ‘¿todavía está la propuesta de ustedes?, ¿todavía me ofrecen el techo para mis hijos? Yo me quiero ir de acá’. Claro que sí compañera, y entonces fue como me vine de Villa Hermosa.

¿Cómo fue llegar a Chablekal?

Estaba difícil la cosa, porque me desvelaba de noche, casi todas las noches cuidando abuelitos  antes, pero mis niños no estaban bien, y cuando llegué acá, llegué a dormir. Tres días solo de dormir, dormir y dormir. Era horrible, parecía que nunca había dormido, y fue así como empecé. No estaba registrada todavía con el seguro, fui a hacer el cambio de domicilio a Migración, ya tenía mi credencial, porque en Tenosique arreglé mis papeles. Pero el que alguien de un lugar a una persona que no tienes ni entrada ni salida, es muy difícil, porque tuvieron suficiente valor para aceptarme a mí con los tres niños. Entonces hay favores que jamás se olvidan. Y, en seguida los niños empezaron a ir a la escuela, yo me estabilicé en trabajar y nos estabilizamos. Empecé a ir con el psicólogo y nos fuimos ordenando.

La verdad, la vida mía y la de los niños estaba en mil pedazos. Yo no podía hablar de nada. Odiaba que me preguntaran de dónde eres, ¿es cierto que eres migrante?, para mi era una puñalada que me daban en mi corazón cuando me decían, me sentía menos, mal, decepcionada, triste, pero claro, porque estaba enferma. Porque, ¿usted cree que una persona normal, con sus sentidos frescos, con sus pies fríos como dicen, va a viajar con dos chiquitos?, no lo va a hacer. Sólo alguien que esté desesperado, en una angustia. ¿Y que te avisen que te van a quitar los niños? Es peor, es como que te digan, sabes qué ya no tienes nada, ya estuvo.

¿Y cómo estás ahora, que les has ido conociendo más?

Ya estoy bien. Ya soy del pueblo. Hasta mis hijos saben maya, ellos solos se van a Mérida a estudiar, se van a jugar fútbol, están bien socializados, la gente los conoce. Hoy ya tengo casa propia, este otro año ya pienso tener mi nacionalidad, para que ya no pare en Migración, y pues, los niños creciendo, luchando como siempre. Yo les digo, saben que aquí nadie se raja, aquí sólo es de trabajar, luchar y lograr, es tu futuro, no el mío, yo ya hice lo que pude. No quiero que cambien, quiero que tengan, que conozcan cómo se vive bien, cómo aprender a vivir, cómo aprender a socializar con la gente, a educarse. A ellos acá todo el mundo los conoce, ya estamos estables.

¿Qué significa para ti o qué sientes cuando se habla de las fronteras?

Pues, pienso que es muy difícil, porque uno como migrante arriesga la vida, la vida por nada. Porque, ¿se da cuenta?, Estados Unidos, ¿qué logras? Darte pulmón, que te enfermes, y nunca vas a tener algo mejor, sólo el dinero, y el que sabe ahorrar sí lo logra, pero el que no, no. Como dicen, el buen gallo en cualquier patio canta, el que es loro verde, es verde, pero las fronteras están muy drásticas. El crimen organizado, la migración, el gobierno, la migración, ya está todo junto, ¿en quién vas a confiar? En nadie, yo vi en el camino como los mismos policías detenían el tren para que Migración agarre a los migrantes. ¿Y las fronteras?, yo estoy hablando de Tenosique, lo que yo conozco. ¿Se imagina las fronteras de Nuevo Ladero, Tamaulipas y todo eso?, es un infierno.

¿Cómo ha sido para ti como mujer migrante vivir acá?, ¿lo que has tenido que pasar?

Pues ha sido muy difícil. Cuando uno es solo, lleva a cargo toda la familia, es muy difícil, porque no todos tienen la capacidad y la fuerza de poder mantener ese lugar solo.

Ver lo que haz logrado, conforme a la fuerza, hay momentos en que dices, no, ya logré esto o lo otro, pero igual se siente la inseguridad de qué va a pasar con los niños si me llega a pasar algo a mí, todavía preguntas al aire, pero la verdad me siento más segura, bien estable ya, los niños están bien estables, y ellos igual dicen que de acá no se mueven y yo igual como que agarré raíz, ya no me muevo de acá, pues en esa parte estamos bien.

Francisca no es sólo Francisca. Francisca es también esa mujer venezolana que entrevistaron hace unas semanas en televisión y el video da vueltas en redes sociales; Francisca es cientos de personas, de mujeres, que deben moverse en complejas condiciones, inhumanas, por buscar un espacio digno para ella, las, los y les suyos.

Tanía García Villanueva

Santiago de Chile, 1988. De profesión periodista, licenciada en Dirección de Arte y magíster en Cine Documental. Interesada en educación, política, memoria y género. Me gusta escribir, tomar fotografías, grabar, narrar. En cine he sido asistente de dirección y camarógrafa en diferentes proyectos. Trabajo para el Festival Internacional de Cine de Chiloé. Mi primer cortometraje documental se llama “Chicharra”.

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